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Diario digital de la Sierra de Madrid
A Mariano Rajoy, que no es de letras, le piden sus correligionarios un ‘relato’ en el que explique por qué está haciendo lo que hace de manera que la gente pueda entenderlo; pero, al menos por el momento, no parece que el presidente esté por esa labor. Quizá sea mejor así. Bastante sobrados de fabulación suelen ir ya los políticos como para que encima se les exijan habilidades literarias a la hora de construir una narración -es decir, un relato-, de sus acciones de gobierno.
Es necesario cambiar la ley del aborto? Desde mi punto de vista no. El número de este tipo de intervenciones va en descenso desde hace años. Pero conviene subrayar que, con la reforma anunciada, el Gobierno no busca una reducción de la práctica (que es para lo que debe servir una reforma anunciada, y la que ahora se prepara solo fomentará las desigualdades sociales), sino la satisfacción ideológica de los sectores más conservadores del Partido Popular, o lo que es lo mismo, para la garantía del rédito electoral y del sostenimiento financiero del partido.
Estos días echamos en falta la voz del Parlamento Europeo. Esa entidad metafórica llamada Bruselas no deja de tomar decisiones que afectan sobre todo a nuestra economía, y lo más grave es que no parece que nadie las controle. Hay un tal Olli Rehn, vicepresidente de la Cámara Europea, al que todo el mundo mira como el oráculo que nos dirá si ya basta de austeridad o si debemos continuar sufriendo. Y esto, precisamente lo hace un señor que ha sido puesto en el lugar que ocupa por el presidente de la Comisión, Durao Barroso, con la aquiescencia -¡faltaría más!-, de los gobiernos liberales y conservadores europeos.
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