Diario digital de la Sierra Noroeste de Madrid
13 de abril de 2024, 14:04:12
Opinión


Enrique Curiel, un artesano para la paz

Por José Luis Úriz Iglesias

Se cumplen 12 años el 2 de Marzo de la desaparición de la escena política de unos de esos estadistas, ideólogos, que marcó una época y que tanto echamos de menos ahora: Enrique Curiel.


Pasó dejando su impronta por el PSP de Tierno Galván, el PCE de Santiago Carrillo donde llegó a ser vicesecretario general junto a Nicolás Sartorius, finalizando su andadura en un PSOE que no siempre supo valorarlo en su justa medida.

En este último como concejal de Madrid, parlamentario y senador dio muestra de su valía como orador y como ideólogo de la izquierda. Como se decía coloquialmente, tenía su cabeza perfectamente amueblada.

Colaborador de la Voz de Galicia y especialmente Deia, donde demostró su preocupación y conocimiento de la realidad vasca y catalana.

Pero hoy, doce años después y añorando su presencia con cariño y respeto, quisiera hacer mención a su trabajo como artesano cuidadoso y delicado por la paz en un momento en el que pocos se preocupaban por ella.

Lo hizo en ese tiempo convulso, primero desde el PCE y sobre todo en el PSOE, siempre desde la supervisión de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Tuve el honor de acompañarle en este empeño de 1990 hasta su muerte en 2011.

Intentando construir puentes entre las dos orillas de aquel por entonces río de aguas turbulentes que tantas vidas se tragó. Vidas y sufrimiento, mucho sufrimiento.

Entre otros compañeros artesanos como Ernest Lluch y Juan Mari Jáuregui, ambos asesinados por ETA.

Hoy muy poca gente se acuerda y reconoce aquel esfuerzo que contó con críticas e incomprensiones. Quiero hacer a través de estas líneas de altavoz para evitarlo.

Fue Enrique Curiel quien mantuvo desde aquel lejano 1989, los contactos con Herri Batasuna a través de las comidas con Patxi Zabaleta en el pueblo soriano de Almazán. En el restaurante casa Antonio, doy fe de ello.

Continuó durante años de trabajo intenso desde la discreción. Incluyendo el diseño y preparación (en la realización con mi colaboración) de la histórica comida de Leitza, en la que participamos el mismo Rubalcaba, Enrique y yo, del otro lado Pernando Barrena, Joseba Permach y Patxi Zabaleta, precisamente en su caserío.

A su término en el viaje que nos llevaba a Pamplona conversaciones históricas, primero con Felipe González, después Joaquín Almunia y José Borrell, por entonces SG del PSOE y candidato a las elecciones.

Enrique Curiel fue cimentando sólidos puentes con lo que nuestros dirigentes denominaban “mundo de ETA”, cuando sería más correcto decir de la Izquierda Abertzale.

Gracias a esos continuos y discretos contactos algunas cuestiones, que quedan para el libro que prometió escribir pero que alguien culminará recogiendo la ingente documentación que dejó, fueron posibles.

Testigos de ello son quienes desde la otra orilla le conocieron, le respetaron y le apreciaron. Así en su muerte un artículo de reconocimiento (el que no le dio quien más debiera hacerlo) fue firmado por el propio Patxi Zabaleta y Pernando Barrena. “Enrique Curiel un hombre de paz”.

No fue el único, otro reunió también a gentes tan diversas como Odón Elorza, Santiago Carrillo, Txiki Benegas, Xosé Manuel Beiras, José María Mohedano, José Luis Buhigas, Fernando López Agudín, Nicolás Sartorius, o Daniel Arranz. Ahí también se le reconocía su labor por la paz.

Desde estas líneas ante este injusto olvido de quien más tenía que agradecerle, reivindico su memoria, el inmenso trabajo que hizo a favor del entendimiento entre muy diferentes, en la construcción de puentes (término que utilizamos allí por 1992 y que ahora todo el mundo copia) por la reconciliación, para la paz.

Esa que no pudo ver pero que le debe mucho a su visión intelectual, a su esfuerzo, muchas veces con incomprensiones e injustos comportamientos como el comentado.

Si alguna vez es posible solicitar el Premio Nóbel de la Paz en aquel conflicto, es indudable que será colectivo y que probablemente tenga nombres en ambas orillas, o quizás en el puente que las une: Patxi Zabaleta, Paul Ríos, Agus Hernán y especialmente Enrique Curiel.

Aún resuenan sus palabras haciendo un llamado al Estado español para que diera solución a las viejas tensiones centro-periferia heredadas de la Transición de la que fue sujeto activo. Posiblemente si alguien le hubiera hecho caso la situación que se creó en Catalunya no habría sido tan grave.

Enrique Curiel, la paz lleva en algún rincón tu nombre como artesano que fuiste de ella.

Yo al menos no lo olvido.

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