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Un nuevo museo presenta en Colmenarejo el trabajo de las abejas

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:13h
Se pueden contemplar colmenas vivas y su funcionamiento
Se pueden contemplar colmenas vivas y su funcionamiento
La Sierra cuenta desde hace unas semanas con un nuevo aula-museo, en este caso dedicado a las abejas y su importante función en el ecosistema.

El centro abierto en Colmenarejo, en la carretera de Valdemorillo junto al pantano de Valmayor, llega de la mano de los mismos expertos que llevan años operando el Aula-Museo Abejas del Valle de Poyales del Hoyo, en Ávila. El objetivo es dar a conocer a los ciudadanos la extraordinaria sociedad que componen las abejas melíferas. Así, en 1997 se creó el Aula Museo vivo Abejas del Valle, “por el que han pasado miles de personas, tanto niños como adultos, que han podido ver y conocer el apasionante y desconocido mundo de las abejas y su relación con la especie humana”.

De los millones de especies conocidas que habitan la Tierra , explican los responsables del centro, “solamente unas pocas han alcanzado altos niveles de socialización, entre ellas las abejas melíferas”.

La importancia de las abejas
Desde que comenzaron a detectarse las primeras desapariciones de colmenas y comunidades enteras de abejas en diferentes países, a causa de pesticidas, cambio de temperaturas y parásitos, tanto entomólogos (expertos en insectos) como apicultores lanzaron una voz de alarma. Y se procura alertar sobre la importancia de estos animales en la vida del planeta, en general, y del ser humano en particular. Incluso se dan fechas y se asegura que tras una hipotética extinción de las abejas la vida humana no se prolongaría más allá de cuatro años. En cualquier caso, al margen de las hipótesis, es evidente la afirmación del apicultor Alberto Castro: “Si no existieran polinizadores naturales como las abejas, no habría plantas, sin ellas no existirían los animales herbívoros y sin estos, los carnívoros tampoco, por lo tanto al hombre le quedarían muy pocas posibilidades de sobrevivir sin estos insectos”.

Sin embargo, como explica el científico del Real Jardín Botánico, Pablo Vargas, “no toda la culpa es de la mala acción del hombre”. Por ejemplo, algunas desapariciones se producen, “porque se especializan en una planta poco común y si ésta desaparece por las causa que sea, lo hace también la abeja que depende de ella”.

En España, la apicultura es un oficio ancestral que, pese a la pérdida de los usos tradicionales, se mantiene con cierta presencia en la mayoría de regiones. Actualmente existen 250 asociaciones de apicultores, más de 15 museos y 2.700.000 colmenas. Pero lo que no existe, aseguran los especialistas, es una educación adecuada para aquellos que se dedican profesionalmente a las abejas.

Este nuevo aula-museo se divide en tres apartados. Por un lado, el dedicado a la apicultura, donde se explica el trabajo que hombres y mujeres han llevado a cabo con las abejas a lo largo de la historia para el aprovechamiento de sus productos, con una exposición de material apícola antiguo y moderno.

En el aula se aborda la vida de las abejas, con seis colmenas vivas actuando libremente en su medio natural, lo que permite conocer su organización social, lenguaje y comunicación, reproducción, defensa de la colmena, búsqueda y elaboración de alimentos, y los distintos individuos que conviven dedicados a la colectividad, por lo que son tenidos como ejemplo para la sociedad humana. Por último, también cuenta con una tienda, donde se pueden adquirir productos elaborados a partir de miel, polen, jalea real, propóleo y cera.
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