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Falta de control y cabezonerías personales, síntomas del rumbo perdido en Moralzarzal

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:13h
Hay una cierta tendencia a que, con el paso del tiempo, se pierda la perspectiva de las cosas, se caiga en la dejadez e incluso en una falta de control que hace que los problemas verdaderamente importantes cedan paso a cabezonerías personales con más sombras que luces. Ocurrió en Collado Villalba con los gobiernos de José Pablo González, empeñado en obras faraónicas y proyectos inútiles como el del túnel-parking de Honorio Lozano, y ahora parece que también en Moralzarzal, donde su alcalde, José María Moreno (PP), ha vuelto a resucitar -por enésima vez- el asunto de Los Praderones, un desarrollo urbanístico a varios kilómetros de casco urbano y lindando con zona protegida. Resulta del todo incomprensible que el Ejecutivo local entienda que el futuro de este municipio serrano deba ir por aquí, entregándose a un modelo absolutamente caduco. No es sólo el estallido de la burbuja inmobiliaria, sino que, de cara al futuro, se deben buscar otras opciones que no pasen únicamente por un desarrollismo que, además, sólo generará nuevos gastos para un Ayuntamiento que, en términos económicos, no está tan bien como sus responsables políticos quieren vender a los vecinos.

Encargar un nuevo estudio para la modificación de las normas urbanísticas en este y otros sectores es una tremenda responsabilidad, propia de quien parece haber perdido la perspectiva de las necesidades de un pueblo como Moralzarzal. No podemos olvidar tampoco la intención de crear un campo de golf (por muy rústico que sea, al menos en primera instancia) en la Dehesa Vieja, polémico que está recibiendo una fuerte contestación ciudadana, sin que hasta el momento el Equipo de Gobierno se haya planteado su retirada. En cambio, sí se han tocado otros capítulos de carácter social, lo que no deja de ser un contrasentido en una situación como la actual, mientras se mantienen las subvenciones para la Escuela de Tauromaquia. No se puede negar de ningún modo la tradición taurina de este municipio, pero quizá sea el momento de pensar hasta qué punto beneficia a Moralzarzal o si se trata sólo de un capricho de un alcalde del que es bien conocida su afición a los toros. El último episodio en esta errática trayectoria lo encontramos en el área de Medio Ambiente, donde un error aritmético ha provocado que durante ocho años se haya estado pagando aproximadamente un 27 por ciento más a la concesionaria del servicio de limpieza, hasta superar los 900.000 euros, cantidad que ahora se reclama a la empresa. Se trata de un síntoma de esa dejadez reinante durante tanto tiempo, una alarmante falta de control que es aún más preocupante si tenemos en cuenta que se trata de gestionar el dinero público.
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