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Menos contundencia y más prudencia

lunes 22 de diciembre de 2014, 13:32h
La noticia durante las últimas dos semanas ha sido el debate extemporáneo sobre ese hipotético pacto entre los dos grandes partidos (Partido Popular y Partido Socialista) que nos ha dejado a casi todos bastante perplejos y sin saber a qué atenernos. Esto a mí me parece lógico porque sobre ese tema hemos escuchado desde el puede que sí al depende, pasando por el ya se verá, el no, no y otra vez no, o el ni a coger agua.
Así que cuando uno se pregunta a qué ha venido todo esto, no tiene respuesta. Hasta que no se conozca el resultado de las próximas elecciones -y al decir esto me estoy refiriendo a las municipales y autonómicas que se celebrarán el próximo mes de mayo, no podemos tener una idea aproximada, aunque ésta nunca será exacta, de cuáles son los soportes electorales que tiene cada uno de los partidos clásicos, y de los nuevos. Y, sobre todo, si este bipartidismo que hasta ahora garantizaba alguna alternativa en el poder se puede, o no, dar por acabado definitivamente
El resultado de estos comicios, seguido de los previsibles acuerdos para alcanzar determinadas cuotas de poder local y autonómico, nos va a permitir una aproximación no totalmente segura, pero casi razonablemente fiable, a lo que puede ocurrir tras las elecciones generales que tendrán lugar dentro de un año. Las previsiones de los resultados para las generales es, ahora mismo, una tarea muy complicada porque, a lo largo de los 12 meses que aún quedan por delante es muy posible que cambie, no mucho, pero sí algo, la percepción a nivel de calle, de un mejor futuro en lo que a la economía se refiere. Esto, teóricamente, debería servir de apoyo electoral a quienes en estos últimos años han protagonizado políticamente, con muchas incomprensiones, esa visible labor de recuperación de la economía de nuestro país.

Pero tenemos, y ahí está el problema, el terma de la corrupción que ha irrumpido como una ola gigantesca en los sentimientos de los ciudadanos. Esto quiere decir que no es muy seguro que una perceptible recuperación económica pueda más en la voluntad electoral que ese sentimiento de frustración y desapego hacia eso que se llama clase política.

Por eso, por la incertidumbre de lo que puede ocurrir después de las próximas elecciones generales, sería aconsejable y conveniente que, hasta que no se conozcan los resultados electorales, cada uno se presente como aspirante a ganador, pero sin caer en posturas negacionistas sobre posibles alianzas, acuerdos o pactos, porque es muy posible que alguno tenga que tragarse lo pregonado con tanta rotundidad. Así que menos contundencia y más prudencia.
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